Aficionados abrazan al Puebla, que falló al tratar de remontar la eliminatoria con Santos


La afición lo entendió, su equipo no: cuando te juegas la vida en una liguilla hay que salir con el cuchillo entre los dientes desde el minuto uno.

Pero el grito de “sí se puede” de las más de 20 mil almas el domingo en el Cuauhtémoc sólo caló entre los XI blanquiazules hasta el segundo tiempo, cuando destaparon la lata, ganaron el partido 1-0, pero no les alcanzó para remontar la eliminatoria que Santos se embolsó por global de 3 por 1.

La Franja se despidió del torneo de forma digna, ilusionando y dando la impresión que aún daba para más. Para los románticos, ayer cayó con la cara al sol, presionando, buscando el gol, como un campeón sin corona con todas sus limitaciones y sus sueños en cada avance capaz de quitarle el aliento a sus seguidores o arrancarles el grito de “¡ay!” porque el balón pasó cerca; sí, como hace 30 años, desde el ascenso o en el 2009 no sucedía.

Y es que la noche del domingo del 23 de mayo del 2021 quedará en la memoria de quienes desempolvaron las banderas del último campeonato de La Franja, las playeras de aquella liguilla contra Pumas del 2009, donde curiosamente Puebla quedó fuera un 23 de mayo… vaya vuelta de tuerca, vaya vuelta al sol.

El domingo todos en el Cuauhtémoc, aunque con sus excepciones como en toda buena fiesta ocurre por aquellos que vistieron de laguneros, todos eran Larcamón.

“Anda, no saques a Tabó. Chuta, tira, por qué haces una de más”, dirigió al Puebla más de un seguidor desde la grada.

El domingo todos fueron Ormeño con ese gol de la esperanza en el segundo tiempo. El domingo todos fueron Puebla en tiempos raros, políticos, de pandemia, misma que en los últimos 15 días se olvidó por esos hombres de corto, enfundados en el azul y blanco sobre el verde; el domingo todos fueron “muchos… más que 11”.

Aunque también hubo quien abandonó al equipo desde 10 minutos antes del final, dejando en claro que también hubo ayer mucho villamelón en el dos veces mundialista. Y quienes se quedaron gritaron al unísono, “¡Puebla, Puebla!”, con su equipo en el centro del campo recibiendo los honores por haber hecho un campeonato de fantasía, digna de una historia de la cenicienta.

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