El matador Manolo Ureña se recupera paulatinamente tras una operación de columna


El matador Manolo Ureña “El Indultado” se recupera paulatinamente tras la segunda intervención de columna que le fue realizada por el Dr. Minuti y su destacado equipo de profesionales el pasado mes de abril. Sin embargo, reconoce Manolo Ureña que la recuperación es dolorosa. “Esto es consecuencia de las maromas de cuando estuve activo, no me arrepiento porque fue haciendo lo que soy, torero, pero ahora hay que aguantar”, señala el matador avecindado en esta ciudad. Esta es la segunda intervención que se le practica en la columna, hace algún tiempo ya le habían realizado otra y va mejorando.

“El Indultado” también publicó hace poco la quinta edición del libro biográfico. Donde comparte muchas de sus anécdotas dentro y fuera de los ruedos.

QUIÉN ES “EL INDULTADO”

Manuel Espinoza de los Monteros Ureña, originario de México, Distrito Federal, nació el 26 de Febrero de 1941, maletilla neto, de sangre gitana, su abuelo paterno de Burgos, España, hijo de Francisca Ureña González soprano y Carlos Espinoza de los Monteros Velázquez.

Sus años de infancia los vivió en Mixcoac donde sus habilidades y su carácter iban encaminados para boxeador apodándolo “El Tarzán” pero también se desempeñó como portero en el futbol donde le apodaron “El niño Boigas”.

Se viste de luces y se presenta en la Corrida de la Concordia que fue la reanudación de las relaciones entre México y España en la Plaza “El Condado”. El 24 de Mayo de 1964 se presentó en la Plaza México con el novillo “No te entumas” de la ganadería de Heriberto Rodríguez donde alternó con José Antonio Enríquez y Carlos Peña “Peñita”.

Tomó la alternativa el 29 de Septiembre de 1968.

LA CORNADA Y EL SOBRE NOMBRE “EL INDULTADO”

La tarde del 24 de Diciembre de 1960, en la placita de San Francisco Zapotitlán, de la vecina Guatemala, el novillero mexicano Manuel Ureña, sufrió una cornada insólita: el novillo que enfrentaba, al tirar el derrote, se encontró con la oreja izquierda del joven, arrancándosela de cuajo. En los anales de la tauromaquia no se sabe de otro caso en que haya sido el toro el que cortó la oreja de su presunto matador.

Tras ese percance, al que sucedieron semanas de insoportables dolores y de ninguneo a cargo de la Asociación de Matadores, que al decir del escritor taurino Jaime Rojas Palacios querían echarlo del sanatorio de toreros porque les costaba muy caro mantenerlo allí, Manuel Ureña recibe el apodo, tan raro como su cornada, de El Indultado.

LA PANDEMIA ACTUAL

La actual contingencia sanitaria ha impedido que el matador pueda darle mayor difusión a su libro o realizar presentaciones, pero aprovechó este medio para agradecer las muestras de cariño de los aficionados que se han acercado para desearle pronta mejora.

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